Bueno te cuento, nada extraordinario ocurría mientras tomaba una taza de te, ya bastante helada por culpa de mi vigilia permanente frente a esa pareja que te decía, si esa vieja y su hija, pero no vas creer esto; observaba a esa mujer de tal vez 50 años que fingía la función de andador para la octogenaria, me causaba gracia verla a ella caminar hacia atrás sin quitarle la atención a la vieja, y esa otra señora mirando el suelo como si fuera a dar un paso en falso, me imaginaba en sus pies y era como si su yo pasado llevara a su yo presente bastante demacrado por el tiempo. En un momento note que ya habían cruzado el ultimo cuadrado de pasto del parque y se aproximaban llegando a la orilla de la vereda, y como al parecer la vieja estaba ciega y ella de espaldas, lance un grito para avisarles que estaban llegando a la calle, no me escucharon, fui corriendo donde ellas, y cuando voy llegando me doy cuenta que la dama mas joven ya estaba dando un paso en falso en la punta de la cuneta así que atine a gritar y agarrar a la vieja, porque pienso (asumo que pensé, en realidad no lo se) que hubiera sido peor que se cayera la vieja que la dama; y bueno eso paso y resulto que la caída concluyo con el sonido similar a un chasquido de una nuez, pero en este caso de una cabeza que se azotaba al suelo. Tome rápida pero amablemente a la vieja y la senté en una banca, advirtiéndole que era necesario dejarla acá y que me esperara, note que no me respondió, ni siquiera una seña ocular. Partí donde la dama rápidamente, la levante cuidadosamente la cabeza y le puse como almohada el chaleco que llevaba puesto y me pregunto un poco ida:
¿Donde esta mi madre? ¿Esta bien?- dijo.
Esta sentada – le dije con voz cálida, no te preocupes por ella llamare a una ambulancia.
¿Esta sangrando? Me duele la cabeza – dijo.
No se golpeo, no le paso nada – y voltee la cabeza hacia la banca.
No entiendes – me dijo desesperada- ve y obsérvala, ¡ahora!
Fui rápidamente donde ella, no notaba nada extraño desde que la había dejado ahí, no se movía, no mantenía contacto ocular ni tampoco el gesto que normalmente uno hace al respirar, pero después de revisar bien note que desde la banca estaba goteando sangre en el pavimento. Mi primera reacción fue mirar alrededor para asegurarme de que nadie la hubiera aporreado o algo. Pero nada, no había arma, nadie ni nada. Le pedí a un niño que consiguiera un teléfono y llamara a una ambulancia. No entendía y todavía no tengo certeza de porque la vieja estaba herida también. Al rato después, llego la ambulancia, para hacerme saber que la dama y la señora estaban muertas; la señora había perecido por motivos aparentemente naturales, pero no tenían como explicar la sangre ya que no había rastro de haber sufrido ninguna contusión, y la dama mas joven se desconoce aun el porque. Por pura curiosidad consulte el nombre de ellas dos, me respondieron que solo una de ellas tenia su C.I, se llamaba Luz Parada, la dama mas joven no traía ningún tipo de documentos. Después de saber eso, note que mi pantalón estaba mojado, tampoco sabría decirte si era orina o el te que se me derramo al pararme.
Gerakan dan keheningan
El paso de lo inmovil a lo latente.
lunes, 25 de febrero de 2013
Viernes de drogas.
Es muy hermoso recordar, esos días, si días, porque no era solo el viernes, sino también el sábado y domingo (y si había festivos, obvio, también) cuando en compañía de mis amigos, nos juntábamos a perdernos en nuestros ya calendariados “Viernes de drogas“. Éramos cuatro, el “Salero Pipota”, Hugo, Tarugo (eran hermanos) y yo. Eran ansias, una pelotita que buscaba algún orificio por donde salir en nuestra cabeza, o al menos eso sentía durante toda la semana. Una esfera que rodaba por mi cráneo hueco, y yo creo que era hueco porque se escuchaba arrastrarse por encima de mis ojos todo el tiempo. Se golpeaba y de vez en cuando podía oír una campanita que sonaba “tilín”, y así hasta que el humo de algún cigarro suicida calmara a la estupida bola o la pitiada de un porro que te hacia perderte en medio de la vegetación (con bola y todo), en medio de una salsa que era revuelta por una batidora gigantesca, muy lentamente, muy obedientemente. Pero todo en la selva, y si no era selva, era el mismo lugar pero con el humo viciado y lento (todo lento). Tarugo bromeaba, siempre decía que por culpa del colegio no podía seguir borracho toda la semana, y tenia razón, nos perdíamos en clases ante la desesperación de que en 5 días de una semana, durante 12 años, íbamos a estar junto a las demás lacras de “Espejitos limpios” (de Guateros con Vomito como decía el Pipota), y no se que se creían todos esos ridículos, nos llamaban basura, enfermos, el típico y maricon termino de “drogadicto”, y no se que se les cruzaba o que juicios tenían en su mente, hacían lo mismo!, exactamente lo mismo, los mismos días, pero en otros clubes y talvez bailando o quien sabe que. Nosotros éramos Las “Noches de Grillos” pero ojo, era nuestro el lugar, nos juntábamos en una sede y reunidos en esa choza sagrada nos calmábamos hasta perder la identidad y el olor a calle. La diferencia entre los tragos que me tragaba y los tragos que me tragaban, era separada por el momento en que volvía a tomar conciencia, para después y muy a menudo darme cuenta que me estaba ahogando en fluidos etílicos y que finalmente algún personaje dentro de mi expulsaba por mi boca. Esa era una forma de recibir la semana, de sacarnos las costras del crudo alquitrán y la masa comprimida de ruido en la ciudad. Era chistoso, como los Ugo (los hermanos) comenzaban en un principio a desesperarse por la marihuana, Tarugo cantaba y Hugo bailaba (y según el también cantaba), pero casi siempre el Salero terminaba amenazándolos para que se callaran o haciéndolos cagarse de susto, fingiendo que se le habían perdido nuestros dulces. Yo personalmente me conformaba con tomar hasta no poder mas en un principio, como todos, y conversar hasta que la choza se llenaba de nosotros mismos y cada uno se iba por su abismo asqueroso de humano. Tengo la imagen de siempre retomar la conciencia, a cualquier hora de la madrugada, usualmente viendo al Hugo vomitar y sollozar a la entrada del lugar, por no se que, y la muralla atablonada, clavada y postrada en un extremo de la choza. Muy cerca de la orilla que daba al sueño, cuando ya no sabíamos ni nos importaba saber en que tiempo estábamos, yo me ponía de cara al suelo, para intentar que me bajara la orina y así ahorrarme el vomito. El Salero, borracho, enrolaba un porro con una fineza no común en el. Primero: abría una calabacita en la que el, le había cosido un broche y de ahí sacaba toda una pasta verde, un poco brillante y pasosa por el (Hugo: olor a vida) que dejaba. Después tomaba un papelillo, lo olía y lo acariciaba con la vista y lo flexionaba para a continuación, verter todo el oro verde que a todos nos gustaba. Antes de lamer el pegamento y terminar el sello, el Pipota sacaba la lengua y la ponía en forma de U para después lanzarnos escupos hediondos y con olor a hombre. A veces no lo hacia. Listo, ahí estaba, frente a nosotros, un flaco bastón de papel hueco, que si no fuera por su alma psicoactiva, no valdría nada. Pero listo, ya, no había que esperar, era cosa de que el que quisiera empezar a quemar, levantara la mano. No todos reaccionaban de inmediato, generalmente yo empezaba porque ya había expulsado casi todos los residuos que mi cuerpo excretaba. Insistían, una quemada. Yo le hacia dos, por la costumbre y entre risas todos fumábamos mas de lo acordado.
Boca en sangre.
Me sangra la boca y siento sed, pero no es una membrana seca que quiere remojarse, sino que mi propia boca quiere desesperadamente apretarse y aflojar, adentro y afuera, puf y paf, tecla y coco. Y al decir remojarse en realidad me refiero a hundir todo ese aceite de rojo espeso y diluido en un cubo rebalsado de tanta arena que lo llena, y escupir y escupir, escupir ahí, llenarme la boca de arena y sacarme ese asco de la boca que repugna al humano de sus olores o sabores corporales, y además el asco por el acto mismo que me llevo a tener la boca llena de sangre y no de tierra fértil o de aire. Todo cae de esta manera, lentamente en un recuerdo de desenfreno e ilusiones infantiles y gelatinosas que te quedan pegoteadas entre la retina y el cerebro, y lamentablemente ninguna mano ordinaria ha podido removerla de ahí, ni siquiera una ha captado la distorsión que ahora parezco padecer yo. Mira, todo cae así, imagina un martes cualquiera, pero toma ese martes y ponlo en un día de ocio vago de vacaciones, de flipper en unos juegos diana con ese olor a mar que se apoya tranquilo en las paredes, de lenguas y palabras que escupen la juventud, así todo tranquilo; iba en la tercera jugada de mi deporte mental tomando caldo de vacío para concentrarme mas claramente en la pelotita. Una pareja punk, de creo yo ¿20 años?, se apoyaban sobre mis hombros delicadamente uno a cada costado de mi cuerpo y miraban todo el tecleo, mi cara, y algunas palabras que se lanzaban en solitario como saliva y caían en el cristal que cubría al flipper. Había estado jugando un buen rato, en un estado de vigilia constante, de arriba para abajo cuidando que no cayera la bolita por el fondo de los perdedores, así hasta que sentí que levemente se apoyaban en mis hombros, voltee inmediatamente mi cabeza y vi una joven de pequeña estatura con un moicano celeste que un principio sentía que tenia mas presencia que ella misma, así vestida de jeans negro entera y con todo lo que adorna a una criatura que sigue esa tendencia. La salude pero de nuevo por sorpresa sentí como una mano se apoyaba en mi hombro derecho y que le seguían palabras que puedo afirmar que me rozaron el oído: Viejo, vas a perder el juego.- Lo mire, me miro, mire el flipper y game over, no me importo para nada, tenia mi mente despierta ante la presencia de esos 2 jóvenes:
¿En que andan chiquillos?-.
Macheteando viejo, ¿nos podrías dar alguna guita para un litro de pan?-. Lo logro, me hizo gracia ella y además de sus cejas que se apretujaban intentando imitar maldad, tierna la chica.
Vamos yo les compro una cerveza les dije, y su cara cambio para pasar a una floja sonrisa que se le calcaba suavemente en la cara. No pero no te preocupes -. Dijo ella y sentí el sonido como de un golpe de “hazle caso” que le daba el joven a ella. Bueno, bueno vamos-. Partimos a una piojera que estaba a un lado de la costa, y entre pasos y silbidos nerviosos, preguntas categorizadas para las personas que recién conoces, supe antes que llegara la jarra de cerveza, que ella era Flor y el era Lorenzo y vivían de ocupa en una cabaña abandonada en el otro extremo de la playa, con un viejo vago que se dedicaba a cocinar espectacular, según ellos, pero nunca revelaba de donde sacaba tanta comida, era el paraíso dijo Flor, nos llega todo, el nos da de comer, nos trata casi como un padre y yo con el (Lorenzo) nos sentimos casi hermanos (y eso me dio asco) pero que no pensara nada extraño, eran tan anormalmente normales que no sufrían de ninguna distorsión ni nada blah, blah, blah. No se que pasaba, pero había algo con su mano que no dejaba tranquila mi atención; cada vez que tomaba el vaso con cerveza para llevárselo a la boca, su delgado pulgar y anular lo tanteaban palpándolo tres veces exactamente, así y así, y algo ronroneaba en mi pecho. No recuerdo casi nada de lo que me dijo Lorenzo y era obvio, era la tercera Jarra y a la altura de la decadencia en la que se hunde la mente con el alcohol, yo la empezaba a ella a oler a la distancia con un aroma a piel madura y cargado de algo que llaman por ahí hambre de mujer. La miraba y notaba que ella no movía la vista cuando yo atajaba su atención en medio del humo y de las palabras de ese tal Lorenzo, que no se callaba, pero no importa, yo solo quería que se fuera al baño o simplemente se marchara y me dejara a solas con Flor y su flor. Se me ocurrió la brillante idea de pedir 2 jarras mas de cebada y yo tomar lentamente y meterles mas conversación, de modo que por la incomodidad y ansiedad que ellos podían sentir, necesitaran calmar su silencio talvez con lo que llaman vulgarmente, coma etílico, y yo llamo: quedar listo…
Obviamente, iba hablarle más a ella para no perder su atención y me respondiera, y no se hundiera en el amargo olvido en el que te chupa el alcohol. Y bueno, funciono, al rato después estaba yo de frente a ella, hablando, riendo y comenzando a desearnos, entre miradas ya bastante perdidas y un aliento calido a cerveza placenteramente femenino que cubría mi cara. Era claro que no iba a pasar toda la noche ahí, ¿y si talvez lo hubiera hecho? ¿Estaría aun con la incapacidad siquiera de cerrar o abrir la boca? ¿O mover lo que me queda de lengua? Bueno no importa, aun puedo escribir. Ya bastante pasada la madrugada, le dije que la llevaría a su casa en auto, pero con la condición que me enseñara su hogar y me invitara entrar para conocer, de cierta manera, quería saber como era una casa ocupa y ese tal viejo que les cocinaba, si es que andaba por esas horas ahí. No se quejo y además que vio a Lorenzo en una postura humillante pero al mismo tiempo triunfante de haber cumplido su cometido de quedar ebrio y tirado y desparramado en una piojera, tal cual como recuerdo que me dijo cuando aun seguía conciente. Lo subimos al auto, ella se subió a mi lado, borracha, y yo borracho pero con la practica para manejar en estados alterados, sabia mantenerme alerta y atento a lo que me rodeaba, pero no reaccionar de manera oportuna ante el sobresalto de una ex adolescente ebria que se me tiraba encima justo en el momento en que tomaba una curva por un cerro que daba con un barranco sin ninguna protección alguna, tragedia.
Desperté, no sabría decir cuantas horas o días después, amarrado a un poste en un callejón lleno de basura y ratas que sobresalían del tumulto. Lo primero que vi fue una muralla frente a mí, desorientado y con un dolor horrible en la boca, con algo adentro que no me dejaba mover ni siquiera mínimamente sin que mi carne se resintiera en dolor. Me puse a observar lentamente lo que me rodeaba, calmado, casi no creyéndome en la posición en que estaba. Nada en especial, pero después de mirar mejor la muralla me di cuenta que había algo rayado: Abre la boca. Chistoso, la tenia sellada con cinta. Ahí comencé a desesperarme, no tenía como salir y quería saber que pasaba con mi boca y porque me dolía tan exageradamente, y porque sentía algo duro y molido dentro de ella, además de un bulto, en ese instante me era imposible describir que tenía. Yo creo que estuve varias horas ahí, no tenia como saber que momento del día era, estaba techado y no había vista a la calle o algo reconocible y que hablara mi lenguaje; pero de pronto sentí que alguien se acercaba corriendo por una vuelta que daba en el fondo del callejón, alivio por fin. Era un policía, había llegado mi héroe a rescatarme. Me miro y se quedo callado totalmente sorprendido, y yo lo miraba un poco desesperado para que me sacara. Corto las cuerdas que me amarraban, me saco la cinta de la boca e inmediatamente comencé a escupir lo que contenía, vidrio molido y al parecer mezclado con unos pedazos mas grandes y lo que parecía una bolsa bañada en sangre. Quedamos en un profundo silencio los 2. Recogí la bolsa y me llevo a un hospital. No podía hablar ni mover ni un solo músculo de mi cara, porque la menor acción de la carne que rodeaba mi boca, me producía una puntada horrible de sufrimiento y dolor. Hasta ahora sigo escupiendo sangre, me pidió finalmente, que escribiera todo lo que recordaba hasta el momento en el que el había llegado a rescatarme. Acabo de abrir la bolsa, y tengo terror, estoy aterrado, espantado ¡ay!, la bolsa tenía una foto de Flor destrozada al lado de mi auto totalmente hecho chatarra, además de una nota que dice:
“Te lo mereces hijo de puta, para que no olvides lo maricon que eres y como jodiste mi vida, muérete y sufre toda tu vida por el daño que me causaste, no vas modular una palabra jamás” Estoy frío, mate a Flor. La mate. Algo esta mal, no pueden leer esto, no pueden, no deben, no.
Hola, papel.
Esto es realmente imposible y ridículo, pero aun sigo acá, no puede ser que sienta que el tiempo no avance, si en realidad ya han pasado días y he visto con mis propios ojos el sol ocultarse, solo ocultarse, la ventana que veo no me muestra el este. Estoy atrapado, me es imposible salir y el hambre me empieza a comer desde adentro, siento como lentamente se me salen pedazos del estomago. Si alguien lograra leer esto, por favor, que venga de inmediato pero con los conocimientos necesarios y discreción absoluta, si no, no venga, no es bienvenido, no necesito su ayuda. Irán ¿3 días? 4? 3 creo, si 3, desde que estaba con mi hermano conversando y fumando como con ganas de dejar de respirar oxigeno en su habitación de la casa en que vivimos. Me contaba que había conseguido por fin arreglar una patente comercial y adueñarse de un local que mi padre había dejado como herencia después de su muerte accidental, aunque debo admitir que no creo mucho en esas casualidades y por eso mismo no me considero una victima de la situación que me aqueja, pero si lo que me causa mucho dolor es el hambre, demasiado, el asco lo puedo soportar, son solo sensaciones, al final te terminas acostumbrando a olores y otras cosas fuera de su lugar, pero en fin continuo: Yo le daba las merecidas felicitaciones y celebramos tomándonos unos vasos de cerveza mientras seguíamos sacándole humo al cigarro; en un momento fui al baño y note que estaba secando cogollos de marihuana colgados en el marco de la puerta que daba a mi habitación, me llamo la atención que no me haya mencionado y ni siquiera yo advertido el momento en que hizo eso, como siempre, no le di importancia y seguí mi camino. Al regresar intente entrar a su habitación pero la puerta estaba cerrada con llave y me dijo desde adentro que esperara un poco porque se estaba cambiando de ropa, enseguida percibí algo extraño, una intucion que ahora logro reconocer, algo primitivo que me advertia a golpes sobre no se que, como una uña que te rasca un pedacito del pecho justo donde esta el corazón, un rasguño helado que te deja un agujero y de ahí saliera un rastro de ínfimo de sangre que intenta revelar tu destino, pero quien le prestaria atencion al contenido en ese momento tan apasible, si la sangre (la sensación) llama mas la atención que su verdadero origen (el mensaje o el rasquido). Me quede esperándolo afuera bebiendo y sospechando de algo que en realidad no tenía importancia alguna, pero oh! Que diferente seria todo si no me hubiera enterrado en la calma y haber sabido leer ese mensaje tatuado que entendía mi animal enmudecido pero no mi mente. Me aburrí de esperar, baje a la cocina a prepararme un café y ya en ese momento había olvidado todo, pero cuando subí advertí que la pieza de mi hermano estaba abierta y vacia, en el baño nadie y en la mía tampoco, no me produjo tanta impresión porque a veces el salía y no se despedía, era algo normal entre nosotros, de pronto me senti somnoliento y agitado, no le di importancia. Entre un paseo a mi pieza y una vuelta a la otra, decidí quedarme en la de el, por si llegaba a regresar luego ya que no me había mencionado que iba a salir, así que deduje que había ido a comprar cigarrillos, que error. Cerré la puerta y me instale en su cama frente a su escritorio abrigándome con el café y un gorro viejo que ya casi ni usaba. Estuve un buen rato mirando unos libros cuando escucho el sonido de algo que se movía abajo en la sala de estar, no me llamo la atención la verdad, a nadie creo que le hubiera llamado la atención si hubiera estado en mi lugar, porque lógicamente y estúpidamente pensé que era mi hermano, pero de igual manera fui a cerciorarme si era el mismo, así que sali delicadamente al corredor y con una delicadeza felina apoye mi cabeza invertida en un peldaño de la escalera, para mi sorpresa no había nada, solo ese silencio casero que es roto por un ladrido o alguna mosca extraviada. Así que volví a la habitación nuevamente con ese frío que me invadía el pecho. Lo siento tuve que dejar de escribir, sentí mas ruidos afuera como azotes en la puerta y logre bloquearla con el estante de libros, por suerte lo hice pero no sé en realidad que hubiera sido mejor, haber dejado que la puerta cediera o quedarme encerrado acá aun esperando algo, no se que salida es mas digna para abandonar este puta jaula. Volviendo a lo sucedido, después que volví a la pieza vi caer una gran rama al suelo afuera de mi casa y de la cual su sonido no fue menor; nunca supe como cayo porque al mirar afuera no vi a nadie que la pudo haber cortado o simplemente lanzado al suelo. Al rato de escuchar música, ya un poco ebrio y con el café vacío, no lograba imaginar que seria lo ultimo que bebería y/o comería, y admito que evito pensarlo aun. Termino de sonar el tocadiscos e inmediatamente escuche unos pasos que se calcaban claramente en la escalera, unos pasos muy pesados y densos que retumbaban profundamente en mi. Ceso el ruido que se posaba en el ultimo escalón y hubo un silencio casi absoluto; yo me quede escuchando con el vaso en la boca esperando que hubiera un siguiente paso. Con una voz con tono familiar grite: Raúl estas ahí? y nada, silencio. De nuevo grite y escuche agitarse algo y suspirar hondamente cerca de la puerta. Me asuste, un espasmo me hizo casi soltar el vaso pero logre calmarme, así que me pare junto a la puerta con el oído apoyado en ella y quede frio, miren, esto ya lo escribo en un estado que talvez no me este dejando pensar con claridad pero no estoy loco, para nada loco, al decirles que escuche percutir gravemente algo semejante a un corazon de gran tamaño muy cerca del pestillo me quede estático sin mover ni un pulmón siquiera, pensé que lo mejor seria esperar que “eso” que estaba allá afuera se moviera o escucharlo mas lejos para poder asomarme, talvez. Comence a buscar un arma para poder defenderme y solo tenia una navaja que encontré entre el desorden de la pieza. Estuve al menos una hora quieto escuchando, no oía que los lentos suspiros se alejaran, podría decir que casi olía y sentía su calida corriente tiritona. Comencé a sospechar algo extraño nuevamente, ¿como era posible que alguien estuviera ahí durante tanto tiempo sin intentar entrar donde estaba? ¿Acaso no era humano?, o talvez demasiado estupido y en ese instante un recuerdo de algo realmente siniestro regreso a mi, algo así como estar hundido hasta el cuello repleto de mierda, sentí una impotencia y desesperación que casi me hizo estallar en gritos, ¿acaso sabe porque?, ¡¿sabe porque?!, Están los cogollos colgados allá afuera!!, no puedo llamar a la policía sin que se percaten de su existencia, estaba completamente aislado con algo que realmente no podía reconocer que era y eso estaba a unos centímetros de mi! ¡Que desastre! ¡Que maldita esta angustia, por la ventana me es imposible salir, esta protegida con barras de metal!. Me decidí a respirar lentamente un momento y pensar alguna manera de escapar de esa jaula o sacar a ese individuo o lo que sea que estuviera afuera. No seria exagerado decir que estuve revisando cada rincón de la habitacion de manera de encontrar algo contundente que me sirviera para aporrearlo con rabia, comence a usar mi desesperacion como aliado. Por suerte de mi ingenio decidí tomar prestada una pata del escritorio para defenderme de “eso”. Me pare frente a la puerta pero vacilé inmediatamente en salir, ¿con que me podría encontrar? Enseguida algo se escucho caer en el baño, ahora era el momento; abrí la puerta minuciosamente con morbo de cirujano, lentamente sin ninguna distracción más que mi propia atención y el palo que nerviosamente sostenía en mis manos. Primero vi la muralla, después la puerta con los cogollos y eso como en un intervalo de creo yo diez minutos aproximadamente. Cuando mi vista comenzó a atisbar el baño empecé a sentir nuevamente una respiración grave, calida y tiritona que me entraba por el oído derecho, eso que estaba afuera ya no estaba en el baño, !estaba al lado mio, detrás de la puerta que sostenía con mi diestra sudorosa! Seria una locura describir el color que sentí en que se torno mi sangre, me quede quieto en un frio de muerte, silencio absoluto; lo seguía oyendo como una gran pluma húmeda que te cosquillea el oído. 1! 2! 3! Y azote colérico la puerta contra eso que estaba del otro lado y para mi sorpresa ni se inmuto ni movió y como una rata que asume su debilidad me encerré velozmente en mi cueva de un solo portazo, tembloroso y estupefacto frente a todo, frente a eso.
Afuera los perros no se callan. Que haría? No tenia ni las minima idea que podría estar allá afuera, que me podría hacer o como me podría morder o despedazar o lo que sea, si fuera un intruso humano mi calma se mantendría mas cercana pero ni siquiera eso podía afirmar, ¿como el impacto de una puerta impulsada por desesperación, rabia y cobardia no habrían logrado mover o siquiera generar un sonido por susto o reflejo en esa cosa que estaba ahí afuera? ¡¿Y porque no entraba de una vez?! ¡¿Porque no entra?! La noche anterior sentí que comenzó a rascar la puerta lentamente y como caían pequeños pedacitos de madera molida que entraban por debajo de la puerta, al parecer lo comenzó a oler porque veía entrar partículas pequeñas de puerta de mi lado. Decidi comunicarme con el; tome el mismo palo que iba a usar como una porra y golpeé temerosamente una vez la puerta, nada. La golpeé de nuevo con más fuerza y silencio. La iba a golpear por tercera vez y sentí un grito desaforado y desgarrador que retumbo del otro lado de la puerta. El silencio fue mío después de eso, un calambre en el cuello me obligo a recostarme encima de la cama para reflexionar y llorar, descargar mi furia por la ridícula y estúpida y inexplicable situación y contexto que me envolvía, QUIERO SALIR QUIERO SALIR QUIERO SALIR, COMO DEMONIOS PUEDO SALIR. Hoy ya al quinto día no hay rastro de mi hermano, nadie ha venido a visitarme, afuera no se ve vida alguna. No logro oír nada en este momento, todo esta en silencio, al parecer la “bestia” esta durmiendo y no al otro lado de la puerta. Fui a ver, no hay nada fuera, por fin me pude mojar la cara y tomar un poco de agua, había algo semejante a excremento en la tina del baño y una especie de olor a orina, típico aroma de zoológico. Volví ahora a la pieza, a buscar mi porra y la navaja, iré a revisar cuidadosamente abajo. Nada, no logro ver nada especialmente raro, excepto por algunas figuras de porcelana que les faltan las manos y la mesita central no tiene el mantel que la cubría. No puedo describir el alivio de poder ir al baño o siquiera poder salir de la pieza. Salí a mirar mas al exterior y no logre ver a nadie, ningun tipo de comunicacion o persona que camine a esta hora, deben ser las 13 hrs, todo esta cerrado, así en un día de sol muy despejado. Debo admitir que me esta comenzando a asustar esto, no hay perros, ni siquiera un ave, nada. Ahora estoy en la plaza y !no he encontrado vida!, ni siquiera en la tierra, ni un bicho, ¡que es eso! Desde el sol se esta expandiendo una especie as de luz absolutamente blanco ¡y empieza a cubrir todo el cielo! ¡Avanza muy rápido! Es algo realmente indescriptible, yo estoy aquí sentado aun lejos de eso pero creo que me va a alcanzar luego, creo yo en unos 30 segundos. Es imposible esconderme, esta envolviendo todo lo que me rodea y existe, ya no me queda mucho tiempo para escribir, no se que me depara...
He aparecido de nuevo, pero al parecer no como una persona sino como una hoja con letras escritas que a medida que pienso van apareciendo. Empiezo a sentir mucho cansancio, dormiré un rato, así también evitare escribir cosas que no quiero pensar, a ninguna hoja en blanco le gusta eso.
Adiós.
Otro limbo cotidiano
La pelota iba para allá y para acá, oye, déjame sostenerla un rato le decía yo, pero el no respondía y la verdad ni siquiera sabia si era una pelota con lo que estábamos jugando o un bulto de ropa que nos lanzábamos en medio de la espesa penumbra. La luz se había ido como la noche que expulsa al sol de nuestra presencia. A esa altura de la madrugada por la confusión que te obsequia el cansancio, no lograba recordar quien mas estaba en la casa, ni como había llegado a estar jugando mecánicamente a lanzarnos algo; oye Manuel ¿quien mas esta acá?, y nada, no respondía, se había quedado mirando un largo rato el bulto invisible que fosforecía con sus colores mezclados. Así estuvimos estáticos, pensando, lanzando, mudos y con un frío terrible atajando la pelota. Le dije, voy al living, no respondió, abrí cuidadosamente la puerta para no interrumpir su trance con el chirrido del pestillo, y estaba todo cubierto de negro, no podía mirar más allá de mi propia conciencia. Baje al segundo piso y para mi sorpresa había mas noche, que lastima. Fui a revisar el sofá para encontrarme con otro que andaba por ahí en ese limbo vagando. Que haces le pregunte, nada me dijo mientras miraba sus manos para mi invisibles. Me senté a su lado escuchando su respiración y otro que otro suspiro que afirmaba mi vigilia. De pronto algo se poso delicadamente en mis piernas, vibraba fuerte y profundo en su volumen pequeño, lo toque y sentí como lentamente sus pelitos reconocían mi piel. Uy peludo que haces acá le pregunte para después atravesarme con su mirada incorpórea que iluminaba mi atención, me comenzó a mordisquear la mano y lo sentía clavarme sus colmillos amistosamente; no te duele me pregunto Andrés, no para nada le dije yo mientras lo miraba envuelto en el oscuro olvido. Sentí el chirrido de la puerta del segundo piso para después oír unos pasos que se calcaban en la escalera de madera hueca, venia Manuel en su silencio habitual y mas exagerado por el ambiente; vamos a fumarnos un cigarro y lo vi asentir en una sombra que lo dibujaba. Salimos al patio, nos siguió el gato que nos acompañaba, por fin un poco de luz, había una violenta ausencia de sonidos que yo creo que a Manuel lo excitaba de alguna manera por su profundidad decorosa. Y de pronto me pregunto algo: Oye, ¿tienes fuego?, si toma le dije, una llamita encendió su cara y la mantenía luminosa por el cigarro que lo alumbraba. Le comente que había leído un cuento demasiado exorbitante de un tal Poe llamado “Manuscrito hallado en una botella” y que su desarrollo y caminar eran de verdad impactantes, el asintió primero con la cabeza, y después me pregunto de que trataba, caí en mutismo, fume rabiosamente y le comencé a relatar superficialmente que era lo que me acontecía tanta impresión, y me dijo: se oye interesante, le echaré una ojeada, asentí y fumamos suave para después ver el humo que se elevaba sobre nuestras cabezas. Andres entro a la escena escandaloso con otro cigarro que violaba la noche, lo miramos, fumamos y el respondió con otra fumada dispersa. Parecía que toda nuestra charla marchaba en una muda comunicación que en realidad era la noche que nos tenia sordos y con nuestras orejas dañadas. El gato se subió a una mesa que estaba debajo de un toldo que nos cubría; nos dijo miau, le dije miau, y también asintió con el vapor de su respiración, como un pacto que cerramos sin palabras y un símbolo inmortal felino que lo afirmaba. Comencé a clavar una rama rota en la tierra, costo hacerla entrar, el silencio y la espesa muralla de tierra ejercían su resistencia. Nadie hablaba, nadie se miraba, nadie asumía que estábamos en algo de verdad totalmente extraño y peculiar, no podíamos ver mas allá de ni siquiera nuestra propia nariz, y lo único que brillaban eran los cigarros y los ojos del de esa bestia peluda por ahí. Manuel, ¿puedes ver más allá de tu mano estirada?, le dije y vi como el cigarro se iba de un lado para otro afirmándome que no veía nada. Pero que extraño, hace tiempo que un negro no pintaba el aire así decía Andrés haciendo literatura de eso, ¿tu que ves Joaquín?, y vi levantarse una gran esfera naranja y fosforescente a una altura de un tercio mas grande que mi estatura. Se acercaba lentamente en unos pasos que crujían quebrados por el pasto del patio; veo que la luna se ha ido con la noche definitivamente dijo el gigante oculto. ¿Cuando llegaste? le pregunte, estoy desde la tarde, hace un rato me fui de la sala de estar, me dijo con su voz grave. ¡¿Y hay alguien más acá?! Exclame, cuando de pronto la bóveda azul de un día soleado estallo en el cielo, y todos desaparecieron como si la noche hubiera sido tragada por otra esfera naranja y fosforescente.
lunes, 30 de julio de 2012
Casandra
Minuto a segundo o segundo a minuto? Para cosas así pienso más
claramente, como para poder callarme un rato la verdad y dejar que el balbuceo
me tapone los sesos. Afuera se ven
colgados cables, unos zapatos mojados parece, esos 2 besuqueándose como sacándose
las caries de sus bocas y mas, mas, mas, mas pasto gris, duro y al parecer
eterno allá en el patio.
Que haces? le pregunto una colorina dama
Nada y se rasco el pelo durante 5 segundos-. No, la verdad
no estoy haciendo nada, estoy pensando, ni siquiera mirando, pensando.
Y ahora? La miraba ella interesada-.
Porque preguntas eso? y encajo su mirada con ella.
Has estado sentado aquí desde que fui a almorzar (que sapa)
y me llamo la atención verte sentado ahí con las piernas estiradas y las manos tiesas
empujando el suelo. Estas bien?-.
Si, estoy bien, pero me siento extraño, como un poco
asustado, tu no?
Me siento extraña, pero creo que es porque no me bañe hoy y
ando sugestionada por eso, y le sonrío-. Acompáñame a la biblioteca? Necesito
devolver unos libros, Ey! cuidado con la pelota estupido! Dándole la espalda a
“el”.
Oye la pelota cayo al lado de nosotros, a unos 2 metros , le pego mal nomás,
y apoyo su mano en la espalda de ella para que tomara atención en lo que decía.
Vamos?-.
Ya vamos, hijos de puta balbuceaba ella-.
A todo esto, como te llamas?-.
Hablemos sin nombres, es más entretenido y le sonrío-.
(Me dio hambre) Tengo hambre, acompáñame al kiosco, oye el
cielo estaba nublado cuando salimos a almorzar?-.
Si verdad se despejo, parece que dios ya no quiere mear-.
(Que chora) eres chora y carcajeaba como marihuanero-.
Que se te cayo?-.
El lápiz y el la miraba y el brillo del sol opaco su vista-.
Sonaba la campana, a la que le aplicaban golpes con la
diestra del inspector. Que chistoso, pareciera que el kiosco estuviera al medio
de un paseo árabe, incluso con la vieja que vende y esos niños abrigados hasta
la cara con pasamontañas, puros morenitos y chinitas.
De que te ríes? y le sonreía-.
Nada, estupideces que a veces pienso-.
No me acuerdo en que momento subí las escaleras y entre a la
biblioteca, Pero ya me estaba besando con la Casandra , la tire contra
una mesa y escuchamos que entro alguien, así que nos escondimos atrás de un
estante de libros y reglas. Nos estábamos mirando de frente, y de un momento a otro,
todo, TODO! SE OSCURECIÓ, ABSOLUTAMENTE TODO. Le dije, Casandra, Casandra que
paso, muy sorprendido y ella no respondía, y ahí me comencé a cagar de susto
porque la sentía enfrente de mí y no respondía. Le toque la cara y nada, no decía
nada, estaba muda y tiesa y algo húmeda debajo de su boca, bastante mojada. Me
aleje un poco, y grite hay alguien acá!? Quien entro?! Y nada, pero sentí un golpe de algo que cayo
al suelo. La Casandra
no respondía. La agarre de la mano y me moví rápidamente entre el laberinto
invisible y mental de la biblioteca, el piso estaba un poco húmedo, casi me resbalo.
Y aquí viene lo mas terrible, esto no me van a creer, es horrible. La luz se encendió
tenuemente y la miro por reflejo y veo que tiene la cara rebanada exponiendo la
lengua y goteando baba en una de sus fisuras de su cara. Eso tendí a mirar
solamente cuando sentí un espasmo terrible en la espalda y atine a soltarla y
alejarme corriendo de a donde estaba esa aberración. La luz era demasiado
tenue, así que igual era difícil moverse bien entre la espesa penumbra. Logre
dar la vuelta en la otra esquina de la biblioteca y bloqueé el camino con una
mesa. Se escuchaba como si algo estuviera chupando otra cosa, esos típicos
sonidos de baba y lenguas que se arrastran. De alguna manera estaba en la
salida, así que salí inmediatamente a buscar ayuda. Yo les juro, prometo lo que
quieran, que el sol estaba brillando negro, NEGRO!, irradiaba oscuridad, así de
poético e imposible. Estaba en shock, no entendía que ocurría!. De allá arriba
se podía ver al área de abajo, como sacos de piel o al menos eso veía en ese
momento, que se arrastraban rompiéndose la piel contra el pavimento, mi horror
era inmenso. Me doy vuelta y estaba ahí en frente de mí ese saco de carne que
me miraba con la cabeza rebanada de Casandra. Yo grite y le pegué una patada.
Porque me pegaste una patada?! Estupido!!-. Y se quedo
mirándola con ojos vacíos de calma pero llenos de espanto
Casandra, porque, estas así, ahora-.
Así como estupido! Porque me pegaste una patada! y su brazo
tomo fuerzas para pegarle una cachetada, y el la alcanza a agarrar-.
Casandra, que paso, te lo digo en serio, recuerdas como
llegaste aquí?-.
Obvio que recuerdo, jodiste traga mierda, no se que te pasa
y se fue con una furia que la hacia ver mas roja de lo que era-.
El fue detrás de ella, la tomo de la mano Y DE NUEVO SE
OSCURECIO TODO!, VEIA UN POCO DE OSCURIDAD EN SU CARA POR EL SOL NEGRO!, la
patie de nuevo y corrí a la otra esquina del lugar donde había una caja que
guardaba un extintor, no iba a bajar de nuevo, estaban esos embutidos de carne
gritando y desangrándose y quien sabes que mas. Abrí la caja del extintor, y
salio algo espeso y pesado como alquitrán caliente, me queme las manos pero por
alguna fuerza sobrehumana bloqueé el dolor y rompí la ventana de la biblioteca
de un codazo, para sacar un pedazo de vidrio y defenderme con eso de la bestia.
La escuchaba moverse rápido, como el sonido de un estomago que se golpea contra
el suelo, y ese ruido succionador y viscoso. Casandra! Estas ahí! y sin darme
cuenta ya lo tenia enfrente mío con un olor a boca y sangre humana y encierro. Sin
pensarlo empecé a cortarle con la gran hoja de vidrio roto toda la cara y este
sangraba y gritaba como desde el fondo de su pared hedionda como a carne de
cerdo muerto. No quise matarla, no fue mi intención, no se porque, en el
momento que le corte la piel, fue como si sintiera energía en mi cuerpo, como
si por un momento mi cuerpo hubiera suspirado muy fuerte y rápidamente, como
cuando te asustas. Y sin pensarlo, meditarlo, ella apareció de nuevo enfrente
de mí…
Ella no podía gritar, no porque estaba muerta, sino porque
su boca estaba totalmente rebanada y no podía modular palabras, su piel ya era
más roja, más que su pelo. El se quedo mirándola, y sentía como le caían gotas
de sangre, de un gorgoteo que chorreaba de lo que era la boca de Casandra. Que
hago, hago, que mierda me pasa!! Dijo el con un rostro de horror y casi
llorando-. Miro el extintor y vio que arriba había un conducto de ventilación, así
que se afirmo de la caja metálica y se metió en ese agujero como un avestruz
sin dignidad. Subió el inspector que estaba tocando la campana, y se percato
del charco de sangre que rodeaba a Casandra. La cara de espanto la vieron
estudiantes de abajo y subieron a ver lo que comenzaba a ser ya un baño de
sangre y talvez un cuerpo muerto por la hemorragia. El inspector les dijo que
bajaran inmediatamente, en un intento inútil en ocultar lo que ya goteaba de
arriba a abajo. Le pidió rápidamente a un solo estudiante, que llamara a los demás
docentes del establecimiento y enfermería para tratar el asunto con velocidad.
Vayan todos abajo, inmediatamente grito duro con la voz quebrada en su irrevocable impacto. Se
acerco a ella de inmediato con un celular llamando a una ambulancia, Casandra yacía
ya ni siquiera en un pose mortuoria, si no que en algo infeliz, destrozado e
inhumano en el suelo. El inspector noto que la ventana de la biblioteca estaba rota,
pero también que en la pared antes blanca que sostenía al extintor, manos y
dedos marcados con sangre que se dirigían al conducto de ventilación. Se
escuchaban personas que subían corriendo al segundo piso, pero el ni siquiera
miro atrás. Se subió a la caja del extintor para abrir el conducto, alumbro con
su celular, y vio un bulto al fondo que tenía algo en su boca y estaba diciendo
palabras como:
Me encontraron! Como les explico! Que mierda hago!, ahí esta
ese viejo de mierda alumbrándome!, por favor créanme!, no estoy loco!, les dije
todo lo que me paso inmediatamente cuando ocurrió y aquí esta grabado,
NOQUIEROSALIRDEJENME!, hijo ven, ven hablemos, DEJAME-TRANQUILO-NO-ENTIENDES-QUE-ESTA
PASANDO-COMO-NO-ESTAS-ASUSTADO-DE-ESTAR-AHÍ-AFUERA!, estoy impactado, hijo sal
inmediatamente antes que te saquen a la fuerza, esperen esperen yo lo voy a
sacar, SALGAN-HIJOS-DE-PUTA!, ven vamos, no te va…
Y estoy donde ocurrió?-.
En el colegio Las Águilas-.
Que mal, que horrible, te juro que me imagine todo dijo
ella-.
Si, muy fuerte. Tenemos que escucharlo y estudiarlo ahora,
paso hoy día-.
Espérame, traigo un café-.
martes, 10 de julio de 2012
Felizna
Felizna, alma felina en una piel humana
Déjame decirte que si no hablaras
tus ojos atrigados me darían tu mensaje oculto bajo esa miel
de todas
maneras, e incluso si no tuvieras ojos, tus gestos harían
vibrar
un lenguaje que he escuchado y que algunos sienten, un
ronroneo tiriton
semejante a un beso tierno.
Espíritu gatuno, misterio a plena luz, tu piel sensible se
arquea cuando recibe una caricia
y eso te impide a veces diferenciar el dolor del placer, un
pelaje transparente que te recorre desde los trazos que dibujan tu nariz hasta
la punta de tu cola oculta. Te balanceas con simpleza, tus pasos son
imperfectos para la mirada de cualquiera, pero cada pie que apoyas es un símbolo
de tu destreza innata, de una desconfianza que te provoca el mundo, un destello
punzante para tu sensibilidad maulladora. En que más te asemejas a un gato? También
en tu mirada a veces perdida que se muestra inexpresiva, pero te digo, cuantos silencios
para algunos habrán sido mensajes tuyos para otros, especialmente cuando miras
directo y penetras con ojos vacíos y tu piel se inyecta con un alma de leona y
dejas al gato que eras, y muerdes, muerdes, besas y apretas y muerdes y arañas
y te pierdes y así hasta cuando recuerdas lo que eres y lo que no eres, y
vuelves frágil y desconfiada, en una lenta caída al ojo abierto de tu
conciencia, y mientras tu pelo erizado se sostiene por el azote intenso, que para
otros es una simple caricia o un beso que cae en un letardo violento y tierno. Esas
mismas razones por las cuales esquivas naturalmente algunos árboles que
escalar, algunos ratones que cazar o tu indecisión entre si decir un miau o ronronear
cómodamente, te vuelve como uno de esos tesoros que caminan ahí ocultos en si mismados,
siendo atacados constantemente por aquello que llamamos vida, y déjame decirte
Felizna, que tu eres uno de ellos. Gata. Prrrrr..."
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